Después vendrían la rebelión federalista en el norte de Tamaulipas, la independencia de Texas y la intervención americana, sucesos todos que representaron movimiento constante de hombres, ejércitos, ideas, banderas, ideologías y a la postre terminar en la definición de un lindero geográfico internacional que acrisoló de manera contundente la definición de portazgo que adquirió Matamoros, cuando a mediados del siglo XIX, era la única ciudad de la frontera norte mexicana realmente importante.

Siguieron los difíciles años de la estabilización fronteriza, en los que no se interrumpió el tráfago humano y mercantil, matizado además por el conflicto, presente en el abigeato transfronterizo, el filibusterismo, el contrabando y la inestabilidad política. Finalmente estalló la guerra en ambas márgenes del río Bravo. Allá, envuelta en un conflicto norte-sur motivada por la lucha entre el esclavismo y el abolicionismo; aquí, resultado de la imposición de una monarquía impuesta con las bayonetas francesas y apoyada por los conservadores mexicanos.

El río Bravo como puerta de escape: soldados franceses en plena evacuación de Matamoros a bordo del vapor “Antonia”, tras la derrota sufrida ante el ejercito republicano en Santa Gertrudis, Camargo, en junio de 1866. La fotografía esta tomada en la Punta de Santa Cruz, donde hoy se levanta la Puerta México.

 

 

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