Se trató de una época excepcional, en la que Matamoros y la boca del Bravo, donde se localizaba el puerto de Bagdad, se convirtió precisamente el la “puerta trasera” de la Confederación, que la utilizaba para abastecerse y exportar sus algodones, lo que constituía su principal activo para soportar el conflicto. Por su parte, el flujo del oro yanqui y confederado a través de Matamoros incentivó la capitalización del noreste, especialmente en Monterrey.

Soldados mexicanos y estadounidenses a la mitad del Puente Viejo, en plena revolución, una época caracterizada por la tensión y la violencia en ambos lados de la frontera.

 

 

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