Al término del siglo XIX Matamoros vería aplazadas sus expectativas de vincularse a la modernización ferroviaria, de ahí que otra emergente puerta tamaulipeca, Nuevo Laredo, ganaría la partida de consolidarse como la primera aduana terrestre de México.

No obstante, Matamoros no perdió su ímpetu, como se vería cuando las aguas del Bravo crearon un inmenso distrito de riego en su entorno, con lo que la ciudad y toda su región abrió nuevamente sus puertas para ser el destino de muchos mexicanos provenientes de todos los rincones del país y hasta de connacionales repatriados desde los Estados Unidos.

Entonces tuvo lugar la bonanza algodonera y con ello la reafirmación del prestigio de esta ciudad fronteriza, lo que empujó al mediar el siglo XX a que la federación atenuara la secular marginación en la que había tenido al fomento de la frontera norte, al instrumentarse el Programa Nacional Fronterizo, una época en la que se refrendó el papel simbólico de Matamoros con el respecto al resto del país, al construirse la magna garita aduanal de la “Puerta México”.

Proyecto de la Puerta México, una imponente garita aduanal y migratoria construida como parte del impulso emprendido por el gobierno federal en la década de 1960 a través del Programa Nacional Fronterizo.

 

 

La Gran Puerta de México.com

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