Dispuestas en un virtual plano estelar cósmico se destacan dos pares de estrellas contrapuestas y en proporciones simétricas. Como una marca sideral, dibujan el patrón a partir del cual se despliegan cerca de una veintena de líneas que se fugan hacia el espacio como si se tratase de haces de luz, delimitado y definiendo dos poderosas columnas estriadas.

Coronando cada uno de estos atlánticos pilares se desenvuelve una forma que gira en el espacio topológico, haciendo viajar a las estrellas encontradas y, generando un juego de curvas, las redirige girando cada cual hacia su gemela antagónica para así abrazarse sin tocarse, quedando frente a frente a modo de dos grandes manos contenedoras de la transformación que las originó.

En medio de este colosal abrazo estriado, encontramos una figura estructural; El cubo como generador de la esencia y como representante del espacio tridimensional pero a la vez multidimensional en sus ejes y planos de simetría. Un cubo que representa en su intrínseca solidez la capacidad económica y cultural de México que requiere de dinamismo y fuerza para su transformación.

 
 

La ciudad de Matamoros se convierte en el detonador de esta transformación siendo una puerta obligada de México al mundo comercial y cultural del norte de nuestro país.

Sutilmente, la silueta interior de la Gran Puerta de México dibuja a contraluz una alargada y gigantesca “M”, letra inicial que comparten en su nombre México y Matamoros y monumentalidad, formando el dintel de paso para la entrada y salida del territorio mexicano.

 

La Gran Puerta de México.com

Basado en la publicación editorial realizada por la Admin. Mpal. 2005-2007