Plano de Matamoros en 1873, cuando el complejo de esteros aledaños al río ya se habían delimitado completamente, denominándosele como “del Bravo” al situado al norte, en tanto que el ubicado hacia al sur se le llamo “de los Cuarteles”, por estar a sus orillas la Casamata y el fuerte Guerrero.

Se trató del mismo cuerpo de agua que en 1689 descubrió el capitán Alonso de León, el mozo, en su exploración desde el Nuevo Reino de León hacia el mar en busca de invasores franceses. Y también fue el mismo estero que más tarde dio el nombre al paraje de San Juan en el siglo XVIII, en cuyas orillas se asentó la ranchería que fue la cimiente de Matamoros, y que se perfiló poco después como congregación del Refugio.

Ya en el siglo XIX, la época bélica predominante motivó a denominar a su extensión sur con el nombre de “estero de los Cuarteles”, mientras que al núcleo principal (donde está el Olímpico), se le llamó “estero del Bravo”. Incluso, ya en aquella época se intentó hacer se esta periferia urbana un sitio de recreación y esparcimiento para la población. Para tal efecto fue trazada la Alameda, un parque de concepción ilustrada y decimonónica que quedó plantada entre ambos esteros. Lamentablemente, los continuos conflictos y luego la especulación de terrenos hizo que no se pudiera conservar lo que hoy en día, de haber sobrevivido, sería un orgullo de los matamorenses.

Un siglo más tarde, cuando se implementó en esta ciudad el Programa Nacional Fronterizo, las obras del saneamiento y nivelación del antiguo estero del Bravo hizo que se recuperara en lo inmediato un fragmento de su orilla, donde se levantó una innovadora y modernista construcción dedicada a la exhibición y promoción de las artesanías mexicanas, un inmueble desaprovechado durante años y que hoy en día alberga las instalaciones del Museo de Arte Moderno.

Se volvía a enfocar el interés por recuperar el magnífico espacio del antiguo estero para fines culturales, tan importantes como cualquier otra actividad de las que debe ser responsable y promotor el Estado mexicano, en todos sus niveles de gobierno. Pero lo dramático fue que el llano del Olímpico estuvo en la mira de los modernos especuladores urbanos, que con la zalea de cordero del desarrollo económico, pretendieron acaparar este estratégico bastión territorial de todos los matamorenses, tal como le había sucedido a la malograda Alameda una centuria atrás.

Por fortuna, no más de un lustro atrás, las autoridades estatales refrendaron el destino de este sitio, al decidirse a iniciar la construcción de un complejo dedicado a la cultura y al conocimiento, siendo puesto al servicio de la ciudadanía local, al ser transferida a manos del ayuntamiento de Matamoros su manejo y administración.

 

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